"El sol había roto el velo opaco de las nubes y bañaba de claridad áurea y perlada un recodo del camino..."-- Ruben Darío (Azul, 1888)
Este pasado febrero fui a Nicaragua por primera vez para asistir al V Festival Internacional de Poesía que tiene lugar en Granada una ciudad colonial con su arquitectura y colores encantadores (vean los portales más abajo). Desde antes de emprender el viaje el encanto de Granada ya trabajaba en mi-- pues resulta que tiene vínculos desde tiempos coloniales con otra ciudad centroamericana muy cerca de mi corazón Antigua, Guatemala donde en un tiempo pasé una temporada muy especial, además de ser esta una ciudad que forma parte de mis recuerdos infantiles. Llegar a Nicaragua, ya es impresionante desde el aire, pues desde la ventanilla del avión se aprecian un sinfín de enormes lagos y volcanes que forman los elementos más sobresalientes de su topografía. Y Cada volcán está coronado de un velo misterioso de neblina.
Y cuando se habla de pasar una semana entre poetas de los cuatro puntos del mundo bebiendo del cáliz poético esto implica nada menos que la magia y el embrujo, sobre todo cuando es en un país con la gran tradición cultural y poética como Nicaragua. Tuve el enorme gusto de conocer poetas que siempre he admirado como Yevgeny Yevtushenko, Gioconda Belli, Anne Waldman, Ernesto Cardenal y de conocer a tantos otros. Desde tiempos de Ruben Darío (1867-1916), padre del Modernismo latinoamericano, este país ha sido reconocido mundialmente por su alma poética. Y es cierto lo viví, lo sentí, lo experimenté en la gente, en todos los recodos del camino, obviamente en los poetas, pero quizá lo que me impactó aún más eran los niños que desde edad temprana llevan la poesía en las venas, quieren ser poetas y declaman la poesía, tanto la suya como de los grandes escritores de su patria, con ternura haciéndola propria. Los niños y la juventud nicaragüense no tienen igual en el mundo por su amor a la palabra y su expresión emotiva y poética.
En muchos aspectos Nicaragua me recordó al México de mi niñez, país que tanto amor me dio. Por lo que veo, Nicaragua tiene mucha fuerza de caracter y mucho orgullo propio para así conservar su encanto siempre, resistiendo ciertas presiones anonadinas de los tiempos modernos.
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