Aún
todavía extrañamos
nuestra cola
de cuando éramos sirenas,
buceando
en el vientre del Via Láctea
girando dentro
de una constelación sideral
cuando todavía soñábamos
con los destellos centelleantes
de las hadas
que nos salpicaban el rostro
con magia
mientras dormíamos,
antes de nacer,
cuando aún
nos dedicábamos
a parpadear
entre las estrellas—
ahora, en la tierra,
todavía recordamos
lo que es nube,
lo que estrella,
lo que son las distancias
inmensurables,
lo que es descansar—
des-can-sar
en el regazo
grávido
y en los brazos
ingrávidos
del universo.
—Lorena Wolfman
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